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La Caravana All Boys

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El fútbol profesional suele ser una excepción a la situación institucional de un club, con Roberto Bugallo lo fue, pero la penosa derrota contra la UAI, el sábado pasado, da muestra de un club a la deriva, que se cae a pedazos, y lo peor de todo es que dicha caída parece no tener fondo.

Cuando en junio de 2014 se desterraba a Bugallo de la presidencia, con él se creía también dejar atrás visiones, acciones y vicios que se consolidaron en la institución durante más de una década. No obstante, en lo que al fútbol respecta, a pesar de repetir que la deuda era millonaria e inafrontable, que se trataba de una quiebra de hecho, que hacía peligrar el funcionamiento del club, arribaron una quincena de jugadores porque estaba la oportunidad de regresar pronto a Primera. En los cinco años posteriores, los refuerzos llegaron en masa, muchos de ellos desconocidos, o en los ocasos de sus carreras, es decir, injustificables. Si bien en principio, los objetivos futbolísticos se cumplieron en parte, jamás se advirtió un crecimiento ni progreso fuera y dentro de la cancha. Siempre hubo que tapar agujeros, pero nunca implementando un plan o bajo un proyecto, sino como se podía, tirando manotazos de ahogado. El desenlace radica en un equipo que naufraga en la B Metropolitana, una categoría menor a la asumida por esta gestión, sólo se admite el ingreso de los socios al estadio, y ¡con DNI!, y disciplinas deportivas que se sostienen por las voluntades de quienes las llevan adelante, más que por una política implementada por la CD. Por si fuera poco, como en aquellos años del circo bugallista, tampoco se escuchan voces disidentes, se las suelen apuntar con el dedo o son blanco de destrato y menosprecio.

En la jornada del último sábado todo ello pudo advertirtse, e incluso se palpó un All Boys que no tiene comando, que necesita imperiosamente una convocatoria a asamblea para adelantar aún más la elección de autoridades. Una cancha con una escasa concurrencia, tribunas despintadas, y abandonadas, un campo de juego en pésimo estado, y dentro de las líneas de cal, Sebastián Martínez jugando de enganche, Hugo Soria de marcador central, y el resto de sus compañeros sumergidos en la desorientación colectiva, fatal consecuencia del desmanejo, al cual el fútbol no le es ajeno. Mientras en la pensión se piden alimentos y artículos de limpieza, arribo un desconocido “Bocha” Valeri para colaborar, y con su “ayuda” arribaron los casi cuarentones Walter García y Rodrigo Díaz, y una decena de jugadores en calidad de “apuestas”, superpoblando algunas posiciones en cancha, y sin cubrir otras. En el banco también se hicieron experimentos, primero Pablo De Muner, y los queridos Pablo Solchaga y Gustavo Bartelt, sin experiencia, con mucho por aprender, y que son víctimas del desconcierto llamado All Boys.

Por lo tanto ese rendimiento amateur contra la UAI, sin una estrategia ni un orden táctico visible, con futbolistas jugando de cualquier cosa, es consecuencia de todo aquello. El reducido hoy parece ser la prioridad para muchos, pero resulta esencial la participación del socio, que potencie la conformación de agrupaciones que sean las futuras listas a votar. Más que un ascenso de categoría, son urgentes las elecciones, que el asociado al menos se manifieste con un voto, después de dos décadas. Ese es el campeonato a pelear: la reconstrucción de un club que está en ruinas.

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